lunes, 19 de abril de 2021

L.A. WOMAN - THE DOORS | 50 AÑOS

 Hablemos del L.A. Woman de los Doors y su 50 aniversario

 Medio siglo se cumple de una de las obras más contundentes, poéticas e intensas de la historia del rock. El sexto y último trabajo de The Doors, publicado tres meses antes de la muerte de Jim Morrison en París, supuso el salto definitivo al blues y a un sonido más pesado, marcando el abrazo lírico más sublime entre la poesía beat y el simbolismo francés. 

Aunque hoy es considerado una pieza clave del rock de los 70 y uno de los discos más conseguidos de la historia, lo cierto es que su repercusión inmediata, tras su publicación el 19 de abril de 1971, no fue un halago, posicionándose en el puesto nº9, y siendo el álbum con menos éxito de los Doors en las listas de ventas, tras haber conseguido el nº1 con su debut y “Waiting for the sun”, el tercer puesto con “Strange days”, el cuarto con “Morrison Hotel” y el sexto con “The soft parade”. Actualmente está considerado -tal vez junto a su primer disco- el mejor trabajo de la banda y una joya imprescindible para cualquier melómano que se precie.

 

 

I'm a changeling, see me change

 

L.A. Woman marca una diferencia clara con el resto de trabajos del combo californiano, no sólo en el terreno creativo, en el que Jim Morrison (voz), Ray Manzarek (teclados), Robby Krieger (guitarra)y John Densmore (batería), apostaron por trabajar con unas bases más definidas en torno al blues y el R&B, dejando atrás la experimentación y reforzando todavía más el aspecto lírico por el que Jim volvió a motivarse.

La evidente decadencia física y mental del cantante, con una condena prevista por inmoralidad y lascivia (tras el altercado de Miami) a seis meses de trabajos forzados y a expensas de los consiguientes recursos, se manifestó tanto en su vida personal como en lo que fue la última actuación en vivo de la banda, el 12 de diciembre de 1970 en Nueva Orleans: “Jim se vino abajo. Ni siquiera estaba borracho, pero su energía se estaba desvaneciendo. Más tarde, Ray me comentó que había visto toda la energía psíquica de Jim salirle por la parte superior de la cabeza. Yo no vi nada de eso, pero definitivamente Jim había perdido toda la fuerza vital” (John Densmore)

Las recientes muertes, en trágicas circunstancias, de dos de sus coetáneos más próximos, Jimi Hendrix y Janis Joplin, en el transcurso de septiembre y octubre, también le afectaron sobremanera. Paradójicamente, Morrison ofrece uno de los más resonantes cantos del cisne de la historia de la música pop. Su voz es poderosa, suena trascendental, curtida, desarraigada, intensa y apasionada, por momentos visionaria, destilada en bourbon y aclarada en cerveza, digna de un verdadero bluesman.  

Unos días antes de aquella última aparición en el escenario, el 8 de diciembre, Morrison cumpliría los 27 años. Decidió celebrarlo con unos cuantos amigos, encerrado en los estudios Village Records, donde, bebiendo y repitiendo entre la broma y un funesto sentimiento aquello de “estás bebiendo con el número tres”, grabó durante cuatro horas algunos de sus poemas inéditos, convertidos más tarde en An American prayer.  

 


It´s everybody in?, the ceremony it´s about to begin

 

Este álbum va a ser un desastre” (Paul Rotchild)

 

La génesis del álbum no fue tarea fácil. Las grabaciones comenzaron en noviembre de 1970. Paul Rotchild, productor de todos sus lanzamientos hasta la fecha, decidió retirarse del proyecto: no le gustaban los temas, le parecía que la banda había perdido destreza musical y, además, estaba harto del comportamiento de Morrison. "Mirad, es una mierda. No creo que el mundo quiera escucharlo. Es la primera vez en mi vida que me aburro en un estudio de grabación". Fue mutuo. La banda, que ya sabía lo que quería después de afilar el olfato ante las máquinas de estudio durante cinco discos, decidiría producirlo junto a su ingeniero de sonido, Bruce Botnick.

La gestación tuvo lugar en la ciudad de Los Angeles, prescindiendo de estudio alguno, e instalando su centro de operaciones en la sala de ensayo de la banda, frente a las oficinas de Elektra (su compañía discográfica), esquina de la Ciénaga con Santa Mónica, un lugar en el que sentirse completamente cómodos.

Otra cualidad distintiva del álbum con respecto a toda su producción anterior es la inclusión en el núcleo ejecutivo de dos músicos de sesión: Jerry Scheff, bajista de la banda de Elvis, y el guitarrista rítmico Marc Benno. Ambos aportaron considerable color y swing a las sesiones, ¡fíjense en la maravilla que da nombre al álbum! Estas, más que como la típica programación por tomas, transcurrieron como una grabación en vivo, consiguiendo así la pureza y el estilo directo que se habían propuesto. Densmore recuerda:

fue muy divertido hacer L.A. Woman. No creo que tocáramos temas largos solo porque sí. Salían, así como son. Quizá fue que tocar en nuestro pequeño estudio nos relajó e influyó para que nos apeteciera alargarlos

Sin embargo, Jim siguió dando la nota. Aparecía por la sala cuando quería y siempre en penosas condiciones. Si la toma de su voz quedaba bien se apresuraban a archivarla inmediatamente, temiendo una nueva estampida hacia la botella. Aun así, o precisamente por esto, el disco consiguió ser el memorable legado que es, con un cantante que eligió el baño de la sala como cabina para registrar la mayoría de sus voces; lo que fue un acierto, dada la extraña y definida reverberación que produjo ese espacio. Inolvidable aquella última escena -ya con los créditos- de la película The Doors (1992) de Oliver Stone.    

 

 

Mr Mojo risin

 

"¿Y si acelero un poco el tiempo? ¡Es como un orgasmo!". Así se lanzó John Densmore con su batería a lo que sería la gran oda a la ciudad de Los Angeles. Y sí, si uno escucha el momento del acelerón, a partir del minuto 6, Jim parece sucumbir y abandonarse al clímax, un éxtasis dionisiaco tras invocar a Mr Mojo, un término sacado precisamente del blues y ligado al acto sexual, convertido en acrónimo del cantante al renacer durante los portentosos ocho minutos de duración de este monumento llamado L.A Woman”, que cierra su lado A. Una de las canciones que se deberían enterrar en una capsula del tiempo, por si acaso.

Pero la canción que da nombre al álbum no es, ni mucho menos, el único himno que este contiene. Si “L.A. Woman” es un oscuro y dinámico homenaje de carretera a la ciudad angelina embutido en neón y tan brillante como el filo de una automática, “Riders on the storm”, uno de los temas más emblemáticos de toda la discografía de Doors (perdieron el The en este su último disco), constituye la biblia existencialista morrisoniana por excelencia y una de los mejores broches de la historia del rock; un canto chamánico de despedida que dejaría una estela desbordante de sentido muy poco después un 3 de julio.     

La apertura del álbum tampoco se queda a la zaga, con una de las canciones más cool y contagiosas de su repertorio, “The Changeling”, a la que sigue sin descanso su tema más popero en años y uno de sus singles más queridos, “Love her madly”, antes de entrar en la ola blues con “Been down so long” y la pureza de “Cars hiss by my window”.

La cara B del álbum abre con cierta contundencia marcial y solemne en la sombría e inquietante “L´America”, cuyo tenebrismo se ve rebajado con una de las piezas más infravaloradas, bellas y amables de la banda, “Hyacinth house”, inspirada en la Polonesa heroica de Chopin. "Crawling King Snake" es un poderoso homenaje versionando a uno de los referentes del disco, John Lee Hooker, y el merecido título como bluesman para Morrison, que pasa a recitar con ritmo compulsivo en el original blues The WASP (Texas Radio and the big beat).    

Se consuma así un álbum musicalmente completísimo, variado, dinámico, directo y lleno de riqueza, cuyos extraordinarios diez cortes, uno a uno, constituyen personalidades tan distintivas como disfrutables. Uno de esos discos de los que uno, por décadas que pasen y miles de escuchas, no se cansa. 

 

 

Into this world we're thrown

Simbolismo francés y generación beat se abrazan

 

Las letras de L.A. Woman son todo un capítulo aparte. Desde su álbum debut la banda y, especialmente, Jim Morrison como artífice de la gran mayoría de sus letras, se forjó una sólida reputación debido a la calidad y originalidad de estas, a años luz de la del resto de sus contemporáneos.

Las señas de identidad de los Doors estuvieron siempre muy unidas a sus afinidades literarias y filosóficas. Una alta dosis de oscuridad, transgresión, sensualidad y sofisticación crearon una combinación tan irresistible como distintiva. No es casualidad que sugerente cóctel de elementos sea, en parte, definitorio del movimiento poético simbolista francés del siglo XIX. Y es que el gusto de Morrison por autores como Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud o Paul Verlaine se dejaron ver desde sus primeras aportaciones y constituyeron lecturas incesantes durante su fugaz pero fructífera carrera. Así se desprende de una carta que el mismo cantante envió al profesor y experto en literatura francesa Wallace Fowlie, agradeciéndole su traducción de las obras completas de Rimbaud de las que también se nutrieron afanosamente figuras como Patti Smith: “No leo francés con tanta facilidad. Soy cantante de rock y tu libro viaja conmigo”. 

Aunque la poesía había sido integrada al rock de manera meritoria por Bob Dylan, dando así un gran paso evolutivo a partir de la segunda mitad de los 60, fue la entrada en escena de los Doors lo que dio el impulso definitivo para consolidar el concepto de “rock como poesía”. Es así como Jim Morrison, tan sumido en la tradición simbolista del malditismo, se convertiría en el primer poeta enfant terrible del rock, heredero del espíritu de sus referentes decimonónicos: hedonista, iconoclasta, místico, esteta, decadente, dandy, misterioso, individualista, visionario, experimentador de los sentidos…         

Su madurez como poeta, tras algunos pasajes flojos en la etapa central de su trayectoria sobre todo con The Soft Parade (1969), eclosiona en un estallido de oscuras visiones dignas de Las flores del mal o Una temporada en el infierno salpicadas en las atinadas líneas de L.A. Woman. Los famosos versos de introducción a la legendaria temporada de Rimbaud nos dan una idea de la conexión:

Antaño, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde se abrían todos los corazones, donde todos los vinos fluían.
Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas —Y la encontré amarga — Y la injurié.
Me armé contra la justicia.
Y hui. ¡Oh brujas, oh miseria, oh aversión; sólo a vosotras os fue confiado mi tesoro!

Una conexión que se evidencia más concretamente en “The WASP (Texas Radio and the Big Beat)", donde Morrison anuncia:

Escucha esto, y te contaré sobre la angustia
te contaré sobre la angustia y la pérdida de Dios
te contaré sobre la noche sin esperanza
la escasa comida para las almas olvidadas
te contaré sobre la doncella con forjada alma de hierro 

La otra gran influencia literaria y existencial de Morrison fue sin lugar a dudas la generación beat, a la que entró, como muchos otros de su generación, por medio de una obra capital de la literatura universal como On the road de Jack Kerouac. Ray Manzarek declaró que si el autor no hubiese escrito En el camino (o En la carretera… dejamos a otros el debate de traducción) ”los Doors nunca hubieran existido”.

La contundencia de la afirmación no es algo menor, puesto que, además de una referencia puramente creativa, Kerouac significó el ideal que el efervescente espíritu adolescente de Jim, chico introvertido y tímido, necesitó. El escritor fue una imagen a la que el cantante personificaría conscientemente a lo largo de los años, desde que en 1957 se publicase la novela y un Morrison de catorce años leyese ávidamente su volumen subrayando los pasajes que más le sugestionaron.  

El estilo de escritura del cantante apuesta por lo que pudiera parecer una serie de imágenes inconexas con las que traza un paisaje a brochazos a través de sus palabras, a la manera de Howl de Allen Ginsberg. “L.A. Woman”, con sus escenas nocturnas angelinas inspiradas por la novela de John Rechy City of night (La ciudad de la noche) y dignas de un relato de Bukowski, es un buen ejemplo de este recurso. Morrison visitó la librería de Lawrence Ferlinghetti en San Francisco durante la época en que su familia vivió allí cuando era adolescente, conociendo en persona a exponentes del movimiento como Ginsberg o Michael McClure, con quien compartió proyectos y gramos de cocaína

El tono existencial de estos autores se ejemplifica también en el álbum, con escenas que, en “Cars hiss by my window”, por ejemplo, remiten de nuevo a la obra clave de Kerouac: “Me desperté cuando el sol enrojecía; y ese fue el único momento distinto en mi vida, el momento más extraño de todos, cuando no sabía quién era yo (…), en una habitación de hotel barata que nunca había visto. Yo era solo otra persona, un extraño, y toda mi vida fue una vida encantada, la vida de un fantasma 

Por supuesto, existen algunas otras influencias en el álbum más allá de los beats y los simbolistas. Es sabido que “Riders on the storm” fue inspirado por el poema “Alabanza a una urna”, de Hart Crane (1899-1932), que, como poeta suicida, cumplía con todos los requisitos que el cantante exigía para su veneración incondicional: básicamente una muerte violenta o en extrañas circunstancias dejando un cadáver joven.        

 

I see the bathroom is clear

Tras la publicación del disco, Jim Morrison decidió viajar a París junto a su pareja Pamela Courson. La ciudad de la que sus poetas simbolistas habían extraído los versos de los que él se había alimentado para su obra musical y literaria, con dos libros publicados, Las nuevas criaturas (1968) y Los señores (1969) -recopilados en un solo volumen justo antes de su partida-, sería su nuevo y último refugio. Con la sombra de la condena planeando y la intención de dedicarse más intensamente a sus versos en una ciudad de la luz repleta de inspiración, Jim sería encontrado sin vida en una bañera a causa de un paro cardiaco y bajo extrañas circunstancias. Era el 3 de julio de 1971. Su tumba es la más visitada del cementerio de Père Lachaise. 

 

 

Selección de letras traducidas

 

Soy cambiable 
mírame cambiar
soy el aire que respiras
la comida que comes
los amigos que saludas
en la calle hormigueante
Mírame cambiar
Mírame cambiar

               The changeling

 
Todo tu amor se ha ido
así que canta una canción solitaria
de un sueño azul profundo
siete caballos parecen
estar en la marca
                Love her madly
 
Nena, ¿te pondrás de rodillas?
Venga, cariño, dame tu amor
He estado jodido tanto tiempo
que esto me parece la hostia
              Been down so long
 
La ventana empieza a temblar
con un estampido sónico
Una chica te matará
en una habitación oscura
              Cars hiss by my window
 
Veo que tu pelo está ardiendo
las colinas están llenas de fuego
Aunque digan que nunca te amé
sabes que son unos mentirosos
Conduciendo por tu autopista
los callejones de media noche vagan
Polis en coche, bares de topless
Nunca vi a una mujer…tan sola, tan sola
               L.A. Woman
 

Cordiales extranjeros llegaron a la ciudad
toda la gente les humilló
pero a las mujeres les encantó su estilo
Oh volved otro día 
como la suave lluvia
como la suave lluvia que cae

               L´America

 
¿Qué están haciendo en la casa de Jacinto
para complacer a los leones este día?
Necesito un flamante nuevo amigo que no me maree
Necesito un flamante nuevo amigo que no me moleste
Necesito a alguien, si, que no me necesite
              Hyacinth house
 
Los Negros en el bosque brillantemente emplumados
dicen, “¡Olvida la noche!,
vive con nosotros en los bosques de azur
aquí fuera en el perímetro no hay estrellas
aquí somos colgados, ¡inmaculados!
                          The WASP
 
En esta casa nacemos
en este mundo fuimos arrojados
como un perro sin hueso
un actor de prestado
Jinetes en la tormenta
               Riders on the storm


© David de Dorian, 2021


L.A. Woman 50 aniversario

(Ilustración: L.A.Woman wallpaper)



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