jueves, 14 de enero de 2021

CIUDADES PARA LEER EN 10 NOVELAS CLÁSICAS

Hablemos de 10 novelas para (más de) diez ciudades...

La ciudad como verdadera protagonista de la novela, la ciudad como metáfora de sus habitantes, la ciudad como el pulso de la narración. He aquí diez fabulosas ciudades (y alguna más…) retratadas literariamente por diez fabulosos autores en diez extraordinarias novelas consideradas clásicos de la literatura universal. Perfectas para hacer turismo sin salir de casa.     

                                   

1- PETERSBURGO de ANDRÉY BIELY

Señalado por Nabókov como el autor en lengua rusa más importante del siglo XX, Biely publicó su obra maestra en formato novela en 1916 con los últimos estertores de la Rusia zarista. Petersburgo es un tour por la ciudad en 24 horas durante la Revolución de 1905. Ebullición obrera y antizarismo, el clásico conflicto ruso padre-hijo y el terrorismo son abordados a través de Nikolái Ableújov, joven revolucionario y guía de una narración no exenta de agrio humor que retrata la ciudad con una poética simbolista y toques cercanos a otras corrientes y disciplinas en boga, como el cubismo y el cine. “Las calles de Petersburgo poseen una propiedad indudable: transforman en sombras a sus transeúntes”. Junto con El maestro y Margarita de Bulgákov, uno de los mejores retratos urbanos en una de las mejores novelas en lengua rusa de todos los tiempos.   

 


2- LIBRO DEL DESASOSIEGO (LISBOA) de Fernando Pessoa

La obra en prosa más importante de Pessoa es un diario a base de aforismos y divagaciones sobre temas cotidianos firmado por otro de sus heterónimos, Bernardo Soares. Teñida de cierta polémica editorial a través del tiempo, este compendio filosófico escrito por el autor más importante de Lisboa durante casi veinte años, nos muestra al individuo exiliado en una ciudad en la que lleva voluntariamente atrapado toda su vida y de la que, desde su ventana, hace un pintoresco retrato: "Se extiende ante mis ojos nostálgicos la ciudad incierta y silenciosa. Las casas se desnivelan en una acumulación contenida, y la luz lunar con manchas de incertidumbre, inmoviliza de madreperla los vaivenes muertos de la profusión. Hay tejados y sombras, ventanas y Edad Media. No tiene por qué haber alrededores. Reposa en lo que se ve un vislumbre de lejanía. Por encima de donde yo veo hay ramas negras de árboles, y yo tengo el sueño de la ciudad entera en mi corazón desganado. ¡Lisboa a la luz de la luna y mi cansancio de mañana!". Además, la obra identifica localizaciones muy concretas, por lo que nunca sobrará un ejemplar en el bolsillo del visitante a la maravillosa capital portuguesa.

 


3-MUERTE EN VENECIA de Thomas Mann

Aunque el título es uno de los spoilers más cantados de la historia de la literatura, el autor alemán -premio Nobel en 1929- deja varias puertas abiertas a la interpretación de una obra tan evocadora como cruda, cuya virtud estética no pasó desapercibida para el cine -con una sublime adaptación a cargo de Visconti- la ópera, el ballet o incluso la música pop. La decadencia aristocrática de una ciudad antaño esplendorosa es plasmada con pinceladas expresionistas, rayando en ocasiones lo grotesco y sirviendo de marco y de paralelismo a la descomposición personal y la secreta e insana adoración que Gustav von Aschenbach profiere por el adolescente Tadzio, anticipando así la fatalidad que sobreviene en forma de plaga. Imprescindible no solo para los amantes de la literatura.     

 


4- BERLÍN ALEXANDERPLATZ de Alfred Döblin

Franz Biberkopf es uno de los antihéroes más gafes que ha dado la literatura universal. Sus desdichas cual moderno Job por los inframundos de Berlín, con su sede en la famosa plaza de Alexander, acontecen en una urbe en plena efervescencia paramilitar y política con la República de Weimar en descomposición, el ascenso del nazismo y el enfrentamiento de grupos comunistas, y una clase obrera en la miseria. Publicada en 1929 según su autor por “un berlinés con una noción vaga de otros lugares y regiones” -y que ejerció la medicina en la zona que le da título- Döblin ofrece un novedoso alarde narrativo cercano al montaje cinematográfico y las vanguardias artísticas de la época, similar en ocasiones al de otras novelas coetáneas (Manhattan Transfer o el Ulises), en un duro retrato panorámico por los bajos fondos de la metrópoli alemana y su pobladores, la sórdida vida nocturna de lugares como el Tiergarten y una variedad de retratos sociales que han sabido aprovechar actuales series de TV como la alemana Babylon Berlín.

 


5- RAYUELA (PARÍS) de Julio Cortázar

Con permiso de Hemingway y su maravilloso París era una fiesta, La ciudad de las luces tiene un  lugar especial guardado para Cortázar no solo por su innovadora Rayuela (1963) sino por tantos otros textos que conmemoran la ciudad de Dumas, Lautréamont y muchos de sus héroes, como en el relato “El otro cielo”. Su relación con la ciudad en la que vivió y murió fue siempre de una intensidad literaria y artística memorable. Desde Ponts des Arts, el deambular de Horacio Oliveira tras la Maga es tamizado por el mito del París como metáfora del alma: así parques, cafés, museos, librerías, estaciones de metro, cementerios, bulevares, catedrales, viejos edificios, plazas, barrios y el querido río Sena donde tantas veces fue retratado el autor, constituyen un collage muy acorde al concepto de juego de su estilo narrativo, todo impregnado con un aroma a jazz, cine y chanson. “París es como un corazón que late todo el tiempo, no es el lugar donde vivo, es otra cosa”   

 


6- EL TAMBOR DE HOJALATA (GDANSK) de Günter Grass

Gdansk (Danzig), lugar de nacimiento del Nobel alemán, pasó a ser territorio polaco en 1945. Su historia bajo la conciencia del Tercer Reich late en esta novela de tintes grotescos y macabros a ritmo marcial con los redobles que Oscar Matzerath, un niño obseso y demente que a los tres años de edad decide dejar de crecer, propina a su querido tambor de hojalata, convertido en uno de los símbolos de la ciudad desde la publicación de la obra en 1959. Aunque la novela surge de la picaresca española, lo cierto es que en España estuvo prohibida hasta 1978 por “blasfema”. Aunque algunas escenas se desarrollan en otros lugares (Colonía, París, Normandía) las más míticas -catedral de Santa María- transcurren en una ciudad que debido a su importancia en la trama fue visitada en 2005 por quienes serían los nuevos traductores, guiados por Grass para mostrarles las localizaciones y perfilar así mejor su trabajo de interpretación.

 


7- LA HOGUERA DE LAS VANIDADES (NEW YORK) de Tom Wolfe

Si en Ponche de ácido lisérgico (1968), Wolfe nos pintaba un fidedigno retrato de la juventud bohemia pre-hippy y post-beatnik a bordo del “Further”; en La Hoguera (1987), el maestro del periodismo, quema las máscaras de la sociedad neoyorquina de los años 80 de forma cruel, irónica e hilarante sin temblarle el pulso. Los brokers y yuppies, el Harlem mafioso, el departamento de policía, la política, el matrimonio, los tribunales, el racismo, el periodismo…todo y todos son ajusticiados literariamente por su verdadera protagonista, New York, con su magnificencia y sus miserias, su chic ochentero y el mundo de las finanzas junto a los barrios negros y la sempiterna cuestión racial. Desde el glamour de Park Avenue hasta los submundos del Bronx, la personalísima y tan disfrutable narrativa del cronista, perfila un cuadro de interesantes personajes hundidos en su propia hipocresía, y llevados a la pantalla por Brian de Palma, con Tom Hanks como el vilipendiado Sherman McCoy.         

 

 

8- LOS DETECTIVES SALVAJES (MEXICO D.F.) de Roberto Bolaño

Bolaño escribió este clásico de los 90 como homenaje al Infrarrealismo (Realismo visceral en la novela), aquel movimiento poético surgido en D.F. en 1975, con Mario Santiago Papasquiaro -como Ulises Lima-  y el propio autor chileno -Arturo Belano- entre sus filas. Consta de tres partes, en las que su protagonista, Juan García Madero, un joven estudiante y poeta, aborda en “Mexicanos perdidos en México (1975)” un diario de iniciación a los misterios poéticos del grupo y la bohemia en la capital, con la zona de Colonia Condesa como centro neurálgico. Le siguen “Los detectives salvajes (1976-1996)” y “Los desiertos de Sonora”. Esta segunda parte, con las peripecias de Lima y Belano, recopila testimonios insignes entre los que se encuentra el del poeta Octavio Paz, con un encuentro en Parque Hundido con Lima-Papasquiaro. Es en esta parte en la que otras ciudades como París y Madrid con su Feria del Libro son retratados por un escritor que bien podría considerarse el último clásico de la literatura hispanoamericana.

  


9- CIUDADES A LA DERIVA  (JERUSALÉN, EL CAIRO y ALEJANDRÍA) de Stratis Tsirkas

Ambiciosa trilogía y descomunal obra maestra publicada entre 1960-1965. Tres ciudades en una misma y desoladora historia, la de una lucha de antemano perdida, la lucha de Manos Simonidis -alter ego del escritor griego-, militante del Partido Comunista y combatiente por la emancipación de Grecia. Aventuras, intriga y todos los ingredientes cinematográficos a los que estamos acostumbrados en una película sobre la II Guerra Mundial en la zona de Próximo Oriente se dan cita en cada localización. El club -que le valió al autor su expulsión del partido-, Ariagni y Bat son las partes que conforman este fascinante mosaico en Jerusalén, El Cairo y Alejandría: polvorines repletos de espías y exiliados políticos de todo color y pelaje, igualmente metáforas de los personajes que pueblan sus novecientas páginas, y retratadas en su dinamismo con una sugestiva y cruda narrativa de crónica-ficción donde lo panorámico y lo intimista se entrecruzan. Su compromiso y su perspectiva le permitió a este hito de las letras helenas reivindicar el espacio de la literatura en la memoria histórica. Mayúsculo. 

 


10- ULISES (DUBLÍN) de James Joyce

No hay muchas novelas ante las que se reaccione al nombrarlas de manera tan polarizada como el Ulises de Joyce. Y es que este monumento a la ciudad de Dublín tiene fama de “tostón”, e igualmente de la mejor novela del siglo XX escrita en lengua inglesa. Sus virtudes y vanguardistas innovaciones narrativas sean tal vez uno de los motivos por los que es considerada ambas cosas. Lo cierto es que esta joya de la literatura universal, no solo funciona como una verdadera guía para recorrer los centros más visitables de la capital irlandesa, sino que tiene el honor de ostentar su propia fecha celebratoria, y es que cada 16 de junio -día en el que transcurre toda la novela- se celebra por las calles de la vieja capital el famoso “Bloomsday” en homenaje a su protagonista, el bueno de Leopold Bloom, y el itinerario que este sigue durante su aciaga odisea. Toda una experiencia en varias direcciones; si tienes la suerte de que esta obra maestra te entusiasme, Dublín será, sin duda, tu Ítaca, como turista literario.


© David de Dorian, 2021


Ciudades para leer en 10 novelas

(Ilustración: City book by Tan Yau Hoong)

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