domingo, 6 de abril de 2014

101 DISCOS DEL POP DE LOS 2000 (PARTE 3)

Hablemos de 101 discos de los 2000 clásicos y no tan clásicos...

21-BANDE À PART, 2006 (NOUVELLE VAGUE)
Tomando su nombre de aquel movimiento cinematográfico de Truffaut y Godard, este colectivo de músicos franceses proponía una interesante revisión de clásicos de la New Wave o el Punk, revistiendo una buena selección de afamadas piezas con ritmos y arreglos de bossa nova, que los despojan de sus cualidades más notables para sustituirlas por otras como la calidez o la elegancia. En este segundo álbum encontramos una colección de hits bien reinterpretados y muy disfrutables, desde “Killing moon” (Eco & the Bunnymen) o “Blue Monday” (New Order) hasta temas de Billy Idol, Yazoo, Blondie, Bauhaus o The Cramps, haciendo volver los 80 con vestido nuevo.

22-MINOR EARTH MAJOR SKY, 2000 (A-HA)
El regreso del trio noruego tras 7 años de ausencia fue apabullante. “Summer moved on", con ese tono inconfundible puro A-ha, confirmó lo grandes que siempre habían sido. Su sexto álbum mantiene esos arreglos preciosistas de orfebre, destacando una producción monumental, que mezclaba lo vanguardista con lo clásico a través de 13 canciones de pop nórdico revestidas del sonido más contemporáneo y sutiles bases electrónicas que lo dotaban de un ambiente muy característico y sugestivo. Melodías de gran belleza y una voz que atrapa, en un trabajo que marcó el camino para otras bandas y otros discos clave de la década, esta vez sí: “Minor earth”, “Velvet”, “I wish i cared”...

23-NASHVILLE, 2004 (JOSH ROUSE)
Tras un disco tan maravilloso como 1972 (2003), el cantautor de Nebraska le cogió el gusto a fabricar magistrales gemas pop de variadas influencias (soul, folk, brit) para conformar álbumes de alto nivel. En Nashville vuelve a sorprender con un pop rock graciosamente adornado, de sonido suave y confortante, pero con gran peso emocional, melancólico y honesto, que suena a clásico desde la primera escucha. Todos sus temas son gratificantes, conmovedores, seductores y poseen una belleza notable y unas melodías soberbias que incluso en momentos de tristeza (“Sad eyes”) o abatimiento (“My love has gone”) te hacen sentir bien o muy bien (“It´s the nighttime).

24-PLEASED TO MEET YOU, 2001 (JAMES)
La entrada al nuevo siglo de Tim Booth y los suyos no pudo ser más gloriosa. Ese bombazo inmediato y contagioso llamado “Getting away with it” abría las puertas a un álbum sobresaliente de pop efervescente, sofisticado y actual, facturado por unos veteranos que aún dejan entrever su deuda con Smiths o U2 (Brian Eno a la producción) en enormes canciones de gran intensidad y registros contrapuestos, desde la luz de “The shining” a la penumbra melancólica de “Alaskan pipeline”, siempre con su característica desenvoltura y vitalidad, “Senorita”, "Give it away”, “Falling down” y joya tras joya para firmar un disco imprescindible de los 2000.

25-THE FLYING CLUB CUP, 2007 (BEIRUT)
Con su genial debut (Gulag Orkestar, 2006) dejaron claro su atractiva propuesta: una combinación magistral de pop de cámara, folk, música de Europa del Este y elementos del folclore mexicano, entre otros. El resultado es una bomba. Un álbum superior y ecléctico, lleno de matices, que hace pensar en Neil Hannon (Divine Comedy) saliendo de sus fronteras inglesas para redescubrir a Jaques Brel en otros parajes menos flemáticos y más mundanales. Zach Condon muestra una imaginativa habilidad para componer sensacionales joyas como “Nantes”, “St. Apollonia” o “In the mausoleum”, con unos fantásticos arreglos orquestales y el tono romántico y crooner de su voz.  

26-BETWEEN THE SENSES, 2002 (HAVEN)
El debut de Haven, producido por el genuino guitarrista de Smiths, Johnny Marr, fue un trabajo prometedor que quedó en una anécdota considerable. Su pop brillante y melódico de tono acogedor y apasionado, triste y solemne en ocasiones, deudor de algunas bandas de aquel brit pop de la pasada década, alcanza altas cotas de efectismo gracias a la voz de Gary Briggs, que en la tremenda “Til the end” muestra todo su poderío y destreza, arropando una constante de estribillos notables y bellos paisajes sonoros a base de guitarras, entre la bruma y el neón, destacando “Beautiful thing”, “Let it live” o “Keep on giving in”

27-WILDERNESS, 2008 (BRETT ANDERSON)
El carismático frontman de los (aun por entonces) extintos Suede dejó atrás el formato de banda utilizado para su debut en solitario un año antes, facturando un delicado y plácido álbum, que sorprende por su minimalismo: tan solo piano, cello y alguna guitarra acústica. Wilderness es un disco valiente y honesto,sin pretensiones, de emociones desnudas, cuya máxima virtud, a pesar de su tono lineal, es encontrar la expresiva voz de Brett flotando sobre sus melancólicas y dramáticas melodías, a flor de piel, sin más recursos que los de la cadencia de sus notas. “A different place”, “The empress”, o la revisada “Clowns” destacan en esta colección de himnos íntimos y más cercanos que nunca. 

28-RAINY DAY MUSIC, 2003 (THE JAYHAWKS)
El giro estilístico de estos veteranos de Los Angeles tras algunos cambios en la formación, desde el powerpop al folk-rock, dio fabulosos frutos que cristalizaron en uno de los mejores álbumes de aquel año. Sonidos de los 60 y la sombra de Byrds, Beatles, Dylan, Crosby, Still and Nash o Buffalo Springfield para crear una delicia de disco, ideal para tardes de domingo inclementes, arropándose en las cálidas melodías de estribillos tarareables de “Stumbling through the dark”, “Save it for a rainy day”, “Tailspin” o “Angelyne”, capaces de iluminar la habitación más penumbrosa con todo el sol de California y el sonido evocador y reconfortante de sus rayos.

29-THE LAST LAUGH, 2009 (JOKER´S DAUGHTER)
La cantautora anglo-griega Helena Costas y la producción del vanguardista Danger Mouse conforman Joker´s Daughter, cuyo disco de debut es un interesante compendio de pop de cámara trovadoresco de intenso aire bucólico inmerso en historias épicas de caballeros y justas en la corte del Rey Arturo. Junto a la espectacular producción y unos arreglos de cuerda originales, se produce en The last laugh una síntesis fascinante y sugestiva, para darle al folk -de eco medieval- otra vuelta de tuerca, moderna, efectiva y agradecida con cada escucha. Uno de los discos más inventivos de finales de la década, que dejaba piezas exuberantes: “Lucid” o “Go walking”, muy brillantes.

30-WIND IN THE WIRES, 2005 (PATRICK WOLF)
El segundo disco de este pintoresco joven londinense, multi-instrumentista y hábil mezclador de sonidos actuales e instrumentos tradicionales, sigue en la línea pasional de su magnífico debut (Lycantrhopy, 2003), aunque con toques más refinados. La imaginería criptica de Nick Cave o Tom Waits en sus letras, acompaña una música volátil, hermosa, evocadora y elegante donde la electrónica o el techno se funden a la perfección con violines, arpa, órgano, piano o clavecín en una atractiva fórmula conducida por una voz de crooner que atrapa desde “The libertine”, con la sublime “Teignmouth”, la crudeza de “Tristan” o la perfección de “Wind in the wires”.

  © David de Dorian, 2014


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