lunes, 17 de febrero de 2014

`LAS ONCE MIL VERGAS´, POR GUILLAUME APOLLINAIRE: LA NOVELA MÁS DEPRAVADA DE LA HISTORIA

Hablemos de Las once mil vergas de Guillaume Apollinaire, la novela más depravada de la historia...

“Mony, aullando, descargaba en un coño inerte. Cornaboeux, los ojos fuera de sus órbitas, lanzaba su semen en el culo de Mony exclamando con voz exangüe:

–¡Si no quedas encinta, no eres hombre!” 

Decía Bretón que el humor negro “es por excelencia el enemigo mortal del sentimentalismo de aire perpetuamente desesperado”, y una persona como él, buen conocedor de la obra y del autor del que hoy nos ocupamos, sabía perfectamente de lo que hablaba.  `Las once mil vergas´ es la novela más depravada de la historia de la literatura y un perfecto ejemplo del mejor humor negro; a su lado, el mítico Marqués de Sade queda a la altura de un santurrón de parvulario. Su pornografía, lejos de tonos sentimentales y ausente de la seriedad y trascendencia típica del género, lo aleja de ser una “novela pornográfica”, y actualmente podemos encontrarla clasificada en “novela erótica”.

Cuando vio la luz por vez primera en el París aún bebé de la vanguardia, lo hizo de manera anónima y sin marca de editor, bajo el seudónimo G.A. Sus primeros lectores, personajes de la bohemia y el arte de la Ciudad de las Luces, ya avisaban de  la irreverencia de la obra, que como astutamente intuían había sido escrita por el controvertido Guillaume Apollinaire. Uno de esos lectores fue Pablo Picasso, quien ese mismo año pinta Las señoritas de Avignon. Y es que en 1907 una novela como aquella no podía sino aparecer de manera anónima, -oficialmente en sus dos primeras ediciones- dada la enorme dosis de provocación contenida en sus páginas.

Decir que `Las once mil vergas´ es una novela obscena es hablar con tibieza; definirla como una novela salvaje es quedarse corto; llamar a ésta una obra cruel es decir muy poco; y tacharla de hiperbólica sería simplemente acercarse. Sus sugestivos ingredientes se combinan a la perfección con la pluma corrosiva y sarcástica de Apollinaire, en una mezcla explosiva que llega a herir en varios momentos la sensibilidad del lector más experimentado, colocándolo en una extraña tesitura en la que sus sentimientos oscilan entre la indignación y la carcajada, el asco y la excitación sexual, el éxtasis poético y la vulgaridad y una montaña rusa de sensaciones antitéticas y desconcertantes que desemboca en una verdadera experiencia unipersonal como lector y `homo aestheticus´. Incesto, orgías, pederastia, violaciones, asesinato, sadomasoquismo, y una manada de filias desbocadas (escatofilia, zoofilia, coprofilia, necrofilia, pedofilia...) conducidas a través de un tono humorístico en situaciones exageradamente cómicas de perversión incalculable que harán las delicias de quien ose leerlo.

Comenzando por su título, original en francés, `Les onze mille verges´ tiene una clara concordancia con la leyenda cristiana de `Les onze mille vierges´ (Las once mil vírgenes), que narra el sacrificio de once mil doncellas a cargo de Santa Úrsula para que las hordas hunas de Atila no lleguen a poseerlas en una de sus invasiones. La transgresión del llamativo título es ya un detalle importante, no sólo por lo que de provocativo e irreverente hay en él, confrontando lo moral con lo amoral –o inmoral-, sino por el auténtico hilo conductor de la novela y su fantasmagórico final. Este ingenioso recurso responde al gusto innovador y rebelde de Apollinaire, cuyo máxima aportación a la literatura y el arte fueron sus maravillosos `Caligramas´ -recordemos aquél primigenio sobre París con la forma de la Torre Eiffel- y obras tan magnificas como `Alcoholes´ (1913), que pronto le hicieron ingresar en coetáneos movimientos de vanguardia como el simbolismo, el cubismo o el surrealismo. Un personaje totalmente cubista Apollinaire, debido a sus mil facetas personales y artísticas; hombre de sensibilidad atroz y crítica feroz, que sucumbió a la gripe española en 1918 tras haber sobrevivido a la Gran Guerra y que sobre todo fue el gran teórico y defensor del Cubismo con su insigne manifiesto, ‘Los pintores cubistas´.

En la edición española clave de `Las once mil vergas´ (Icaria, 1977), a cargo de Rafael J. Macau, se subrayaba previamente y a modo de advertencia, que la novela traducida por él no debía ser tomada como una novela pornográfica al igual que El Quijote no debe contarse entre los libros de caballería. Aunque el contenido pornográfico de la obra es más que abundante, Apollinaire siempre va más allá de la simple descripción fisiológica del acto sexual, llevando cada situación al extremo en cópulas y escenas imposibles que lo conectan con el surrealismo y convierten cada episodio en algo ridículo y plenamente divertido. Sus disparatados personajes se presentan tremendamente lascivos y absurdos, al igual que sus nombres de cariz exótico. Las aventuras sexuales del príncipe rumano Mony Vibescu (verga, pene follaculos en rumano), junto con su inseparable cicerone Cornaboeux o la cortesana Culculine d´Ancone (algo así como enculada encoñada) son narradas con fina pluma y efectivos recursos literarios que unen a su autor también con el simbolismo, ya que lo que subyace en toda su parafernalia pornográfica y salvajismo manifiesto no es sino una virulenta y audaz crítica al orden social burgués establecido a principios de siglo y que desembocó en la debacle sangrienta de la Primera Guerra Mundial.

A nivel artístico, `Las once mil vergas´ actúa con su vanguardista e innovadora poética llena de humor negro y registros satíricos como un catalizador, donde algunas de las vanguardias plásticas más importantes de la primeras décadas del siglo tienen su reflejo literario. Apollinaire se movía en tales ámbitos con una buena camarilla de archiconocidos artistas y poetas como Picasso, Bretón, Braque, Aragon, Cocteau o Eluard, cuyas expresiones y experimentos artísticos eran alimento mutuo, por lo que las afinidades literarias de nuestro autor con lo plástico aparecen de manera bastante patente en algunos episodios sublimes de la novela, como la orgía del coche cama. Especial importancia se presta en la misma a toda clase de fluidos corporales, y en episodios como aquél o el de la orgía anal en el Grand Hotel de París, donde se hace un espectacular  alarde de fantasía que se desmadrada sin límite alguno, pueden vislumbrarse expresiones similares a las realizadas por los pintores de la época. Semen, orina, sangre, heces, saliva, convierten  el marco de la acción en un grotesco escenario-lienzo al finalizar las escenas –más propias de bacantes legendarias–,  donde cuerpos especialmente hermosos en su comienzo acaban siendo una masa putrefacta a través de ese delirio extremo que no termina sino hasta agotar el deseo destructivo de nuestros carismáticos antihéroes. Podría decirse que cada orgasmo en `Las once mil vergas´ es un Mr. Hyde 2.0 que busca su redención en la vitalidad orgiástica sin que la represión haga acto de presencia por ninguna parte.

Como crítica social y política, es en el salvajismo impactante casi fauve de los episodios más hiperbólicos y en su ridícula e hilarante historia donde Apollinaire acomete de manera más clara contra el orden establecido por las castas más altas y la burguesía. Su pornografía violenta no es más que el atrevido disfraz con el que el autor reviste el tiempo histórico que le tocó vivir, en una especie de luminoso sarcasmo en el que el amenazante clima entre potencias y sus mutuas agresiones, se muestran como cuerpos prostituidos y pervertidos que son sodomizados y sometidos hasta llegar a la masacre, en una sutil metáfora de las relaciones entre estados al comenzar el siglo XX. El caso de la guerra ruso-japonesa y la llamada “Entente Cordiale” como tratado de no agresión entre Reino Unido y Francia, ocurridos en 1904, pudieron sugerir a Apollinaire la creación de esta obra maestra de la literatura, por ello enmarcada en el simbolismo. Además, los principales personajes de la obra se inspiran en conocidas personalidades del entorno parisino y las crónicas sociales de la época, haciendo un vergonzante retrato que se burla de la casta burguesa y de la aristocracia militar, captando su obsesión por librarse de la monotonía mencionada por Vibescu a través de la oscura vía del “todo vale” reconocible a lo largo de la historia en la ideología liberal.

Hay que remarcar que como personaje contradictorio y provocador que era, Apollinaire se mostraba como un “beligerante pacifista”, que se vio empujado personalmente a acudir al frente en la guerra de 1914, con el fin de intentar escapar de esa angustia plena mostrada tan contundentemente en muchos de sus poemas y que responde a estados vitales excesivos siempre encaminados hacia la depresión o la exaltación. Estos dos extremos constituyen el factor base por el cual el autor construye su universo literario, ya desde esta primera novela, aflorando desde sus páginas todas las patologías que a menudo experimentó en su vida cotidiana y que le acompañarían hasta su muerte, debida en buena parte a la herida en la cabeza sufrida en el frente. Una experiencia bélica que creemos ya intuía desde la redacción de `Las once mil vergas´, que ha quedado como una de las novelas más indecorosas y provocativas, a la par que desconocidas, de la historia.

Existen varios motivos por los que esta novela ha de ser considerada aún hoy como una de las obras malditas más sugestivas de todos los tiempos que hay que leer: en primer lugar el hecho de que su autoría fuese revelada póstumamente y dos décadas después, ya en 1924 (seis años más tarde de la muerte de G.A.), gracias a la revista “Images de Paris”, que dedicó un número especial al autor  incluyendo `Las once mil vergas´ por primera vez en su catálogo; que fuese una de las primeras novelas influidas por `El psicoanálisis´ (1904) de Freud; que se trate de una de las novelas del siglo XX con menos reediciones hasta la fecha (la primera bajo nombre completo de autor fue en 1930) ; que fuese ensalzada por el Surrealismo y posteriormente en medio de la vorágine libertaria de la década de los 60 como máximo exponente de la literatura erótica; que su potente contenido violento y sexual de sensibilidad nada heterosexual ponga a prueba la psique del lector; y, sobre todo, que sea una novela espantosamente divertida que se quedará grabada a fuego en quien tenga el atrevimiento de leerla.


*CONSEJO: dado que el vocabulario español es más pobre en lo que a términos sexuales se refiere, se recomienda leer esta novela, si se tiene la posibilidad, en su francés original, más pródigo en términos obscenos y humorísticos.

© David de Dorian, 2013  

Ilustración erótica

(Ilustración: Malika Favre)

2 comentarios:

  1. novela sorprendente que escandaliza,divierte e indigna en ocasiones.Recomendablle absolutamente,eso sí para adultos sin prejuicios.

    ResponderEliminar
  2. Hola David,esta es una de las más acertadas y cultas descripciones que he leído de tan insigne obra, hoy estoy realizando un video en donde trato entre otros temas del libro en cuestión y considero que tu escrito resume todo o que me gustaría decir, lo tomare para ello, claro respetando tu autoría, espero no te moleste este hecho, desde ya tu amigo Enrique Rojas

    ResponderEliminar