martes, 21 de enero de 2014

REFLEXIONES EN TORNO A LA DEPRESIÓN A TRAVÉS DE 10 CANCIONES

Hablemos de la fiel compañera de los Ulises postmodernos, reflexionemos sobre la depresión a través de 10 canciones...

La primera vez que nos vimos, cruzando las miradas sin reconocer el choque, fue ante un pequeño teclado Casio desde el que Greensleeves volaba por la desconchada habitación. Demasiado jóvenes para amarnos, demasiado tiernos para sucumbir al peso de esa estrella. Cuando por fin nos conocimos no fue sino para emprender juntos un viaje al fin de la noche.

“¿Bailas?” Uno no puede negarse ante la melodía de sus caderas. Si no sabes llevar un tango más vale que no le permitas a la melancolía arribar frente a tus costas. Su lascivia tumbaría los muros de Jericó al primer movimiento, como un soplo de viento deshace la compacta ceniza del cigarrillo olvidado sobre la fría losa. Si no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió y si todo lo que sucede no es sino ese pucho consumiéndose en la lápida, con qué ángel mejor que éste para enfrentarse al sedado monolito de los hombres…

CANTO II: How soon is now?
Hay un club al que puedes ir y conocer a alguien. Entonces vas, y permaneces solo, y te vas solo, y llegas a casa y lloras y quieres morirte. Y también hay un club al que puedes ir y conocer a alguien. Entonces vas, y conoces a alguien, y te vas acompañado, y llegas a casa y lloras y quieres morirte. La gente es tan criminalmente vulgar que nos hemos vuelto criminalmente vulgares. Pero en ambos nunca estás solo: te ha invitado a algunos tragos y a sentarte en la ola de una guitarra que atropella la noche sin piedad en su misma carretera. 

CANTO III: Afraid not scared
¿Decidiste que vivir es obligatorio? El cementerio de las calles en la mañana luce como una niña muerta con trenzas de lolita, cada autómata despide rancio aliento a vodka. La luz aterroriza cuando solo arroja los escombros de la noche. El hormiguero rindiendo su tributo a la vida con la cruz a cuestas, naufragando desde el primer café hasta el toque de queda. El sacrificio de la existencia al placebo indecoroso. Sabes que te has rendido cuando creas una cueva, aunque siempre puede uno encararse y echarle la culpa al espejo sobreviviendo con la rabia.   

CANTO IV: Miss Misery
¿De verdad crees que tiene forma de mujer? ¿Es cierto que nunca tiene suficiente, que no le basta con acabar esa botella? Conoce mejor que tú tus futuros movimientos. En el reflejo de la primera nota, la cadencia melódica de tus teorías mortuorias le escribe el guión para tus ruegos. Luego te deja exhausto y se marcha a hacer sus planes y te echa de menos. Solo espero que tengas hielos suficientes para que desde el palco de honor cierre su ópera con esa coda sonando a cada trago.

CANTO V: Hallellujah
El estertor de la noche suena a los salmos de un rey enterrado en la cripta de los siglos. El acorde secreto que has de descubrir enterrará el dolor en su propia soberbia. Más vale que la musa te importe, que la lleves a la cama y le susurres al oído tus abismos y al amanecer odies a los pájaros en el trino inaugural de su aleluya. Lo darás todo y no será suficiente, pero sabrás entonces que nunca más estarás solo, ahí estará contigo, disparando antes de que desenfundes para cubrirte…y desangrado salga de tus labios solo un aleluya.

CANTO VI: New dawn fades
Toda relación con la miseria tiene sus héroes, algunos homéricos yacen en la tierra balanceando su espíritu en la cocina de las sombras, igual que putas haciendo el servicio para ablandar las venas palpitantes antes del filo felino de cualquier uña acerada. Así el nuevo amanecer se desvanece y aunque no eres el único no te cruzarás más que con el pálido reflejo de los hombres, siempre de su mano, alargando el viaje en el negro ponto de la noche, hasta rebañar los huesos de la cordura. Ese sonido hueco y metálico a sótano de torturas preparará el camino a la afilada punta de la estrella.

CANTO VII: Roads
La fría simiente del crepúsculo se cuaja tras las ventanas cegadas de tu zulo, una esquirla de albor anuncia el nuevo designio. Lapidado por las luces de la mañana de nuevo, sin el plomizo manto embaucador en el que te arropas para exhalar los perfumes de su cabello. Se lucha una guerra ahí fuera y tienes que pelear, desnudo, exhibiendo el corazón en el puño para arrojárselo a quien demande tu palabra. La introducción al ritmo seco de latidos callejeros se desplaza con unas notas del teclado de tu somnolencia, son párpados que se entrecierran con cautela para despistar las horas en el sueño.

CANTO VIII: Rosy
Si te empeñas tendrás que mear continuamente ese veneno postmoderno y escribir tu nombre con el chorro de la orina en las paredes donde desees olvidar el círculo vicioso de la química endiosada. Los chamanes de recetario lobotomizarán tu espíritu, firmarán en un papel que las drogas habrán de hacer el efecto idiotizante. Si te animas, un rato en la casa de los locos, lo único que desearás es que la enfermera confiese la verdad de todo esto, que bese tus mejillas y te acune en su uniforme y extraerle así la dura piedra de los días.

CANTO IX: The empress
Le construirás un púlpito. Pintarás sus retratos. Te arrodillarás ante su mirada. Compararás el océano por su gracia. Sonreirás ante la cámara. Vestirás los colores de su dictado. Llegarás a amarla, extraña y solemne, emperatriz. Y nada merecerá la pena. Tensará tus cuerdas hasta que ese cello grite los acordes menores de la desgana. Desafinará tus facultades, tan solo para que comprendas el lamento de un piano. Trabajará todas tus escalas, tan solo para que comprendas.


Arder en frío. Escapar del déjà vu de las sirenas. Espero que te asfixies, que permanezcas suspendido en los labios de la musa, en su gélida armonía, en su wagneriano crescendo triunfante, en la dulce desazón de sus cuerdas trasnochadas. Déjate matar por lo único que puede darle sentido a la desdicha. Sé el protagonista de ese drama, el espectador en la butaca. Espero que te asfixies. Resucita. Tal vez debería haberme ahorrado la tristeza y haber titulado este texto “¿Pulsar al play puede considerarse suicidio?"

© David de Dorian, 2014

Poesía alternativa, nevermore

(Ilustración: Project Twins)

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